Deffinbaugh Los Atributos de Dios

Deffinbaugh Los Atributos de Dios es un módulo de eSword de 17 capítulos sobre os diferentes atributos de Dios y qué significan.



Explorando las excelencias de Dios, Deffinbaugh Los Atributos de Dios

Por Robert Deffinbaugh

1. Introducción
2. El poder de Dios
3. La Bondad de Dios
4. La Sabiduría de Dios
5. La Santidad de Dios
6. La Justicia de Dios
7. La Ira de Dios
8. La Gracia de Dios
9. La Soberanía de Dios en la Historia
10. La Soberanía de Dios en la Salvación (Rom_9:1-24)
11. La Cercanía de Dios (Exo_33:1-16; Exo_34:8-10; Deu_4:1-7)
12. La Inmutabilidad de Dios
13. El Gozo de Dios
14. La Invisibilidad de Dios (Gen_32:22-30; Exo_24:9-11; 1Ti_1:17)
15. El Dios Perdonador
16. La Verdad de Dios
17. El Amor de Dios
18. La Gloria de Dios

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Deffinbaugh Los Atributos de Dios

Traducido por Juanita Contesse G
Tomado del sitio http://www.bible.org/foreign/spanish/attrib/toc.htm
Reformateado para e-Sword por David R. Cox [email protected]

Deffinbaugh Los Atributos de Dios

Extracto de la Obra

La Gracia de Dios
Introducción

Para ilustrar la gracia de Dios, a menudo narro la historia verdadera de mi amigo que compró un Jaguar convertible último modelo, después de regresar como veterano de Vietnam. Una mañana temprano, aún usando su uniforme de la armada, se dirigía en su automóvil por una estrecha calle de Oklahoma. Decidió averiguar cuánta velocidad podría sacarle a su automóvil, por lo que lo aceleró al máximo. Justo cuando llegó a la cima de una pequeña loma, alcanzó la velocidad máxima. Y allí, justo en la cima, sin ser visto hasta que ya era demasiado tarde, se encontraba el policía con un radar. Mi amigo supo de inmediato que todo se había acabado aún cuando le tomó una milla o más poder detener su automóvil y quedó allí sentado esperando que el policía lo alcanzara.

El policía detuvo su auto y lentamente procedió a acercarse a mi amigo quien estaba con su licencia de conducir en la mano. ‘¿Tiene idea de lo rápido que estaba conduciendo?’, le preguntó. ‘No exactamente’, le replicó mi amigo un tanto avergonzado. ‘Ciento sesenta y tres millas por hora’, contestó el policía. ‘Eso me suena bastante bien’, replicó mi amigo.

Mi amigo no esperaba lo que el policía diría a continuación: ‘¿Le importaría que le echara una mirada al motor?’, preguntó. ‘De ninguna manera’, dijo mi amigo. Más o menos media hora más tarde, los dos hombres terminaron bebiendo café en un negocio cercano, antes que el policía se retirara, ¡sin haberle entregado la papeleta a mi amigo!

Solía decir que si el oficial pagó por el café, eso era gracia. Pero en realidad, no es el tipo de gracia que nos habla la Biblia. En respuesta a la solicitud de Moisés de ver la gloria de Dios (Éxodo 33:18), Dios le permitió a Moisés ver una parte de ella:

“Y Jehová descendió de la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! Fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación” (Éxodo 34:5-7).

La gloria de Dios es vista en parte, por Su gracia. Él es misericordioso y piadoso (versículo 6). Pero además, Dios no deja sin castigo a los malvados (versículo 7). La gracia de Dios no pasa por alto al pecado; castiga el pecado pero de una forma que perdona a quienes son culpables.

Por lo tanto, debo revisar mi ilustración, agregando un poco de ficción para describir con más precisión la gracia de Dios. Cuando mi amigo llegó a la cima de aquel cerro a 163 millas por hora, presionó los frenos a fondo provocando así que el automóvil siguiera su curso fuera de control, estrellándose en el carro policial casi destruyéndolo y golpeando severamente al policía. En vez de dejar ir a mi amigo sin su parte, el oficial debió haberlo escrito y haber pagado él mismo la multa. No debió haber permitido que mi amigo pagara nada —incluso el café. Ahora bien, eso sí sería gracia, la clase de gracia que la Biblia nos cuenta, la gracia de Dios para los que son salvos.

Nuestra lección considera la gracia de Dios, como un tema tan inmenso que podría estar una eternidad intentando de comprenderla. En consecuencia, intentaré resumir algunos de los elementos principales de la gracia de Dios, llamando su atención a tres historias de la Biblia que describen la gracia de Dios. La primera historia es la de Jacob y la gracia de Dios (Génesis 25-32; Oseas 12:2-6); la segunda es la de Jonás y la gracia de Dios y la última es la de Jesús y la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8:1-11). En estas tres historias, encontraremos a un hombre que finalmente termina de luchar con Dios y los hombres y se somete a sí mismo a la gracia de Dios (Jacob). Consideraremos a un hombre que es profeta y sin embargo, odia la gracia de Dios (Jonás), Y veremos a una mujer que es recipiente de la gracia de Dios, mientras está allí de pie condenada por algunos de sus pares auto denominados justos (la mujer de Juan 8:1-11).
Jacob y la Gracia de Dios41_ftn1 Deffinbaugh Los Atributos de Dios

Jacob no es el primer ejemplo de la gracia de Dios; pero es uno de los ejemplos más impresionantes del Antiguo Testamento. Parece que le tomó 130 años comenzar a tomar conciencia de lo que significaba vivir por la gracia de Dios (ver génesis 47:9). Existe un punto crucial en la vida de Jacobo en el cual él comienza a descansar en la gracia de Dios. Es en ese punto, registrado en Génesis 32:22-32 e interpretado con mayor cuidado en Oseas 12:2-6, sobre el cual me gustaría que enfocáramos nuestra atención.

Incluso antes de su nacimiento, Jacob fue un hombre que peleó con otros:

“Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer. Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor. Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre. Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú. Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz” (Génesis 25:21-26).

Cuando los niños crecieron, Jacob intentó salir adelante luchando con su hermano:

“Y crecieron los niños, y Esaú fue diestro en la caza, hombre del campo; pero Jacob era varón quieto, que habitaba en tiendas. Y amó Isaac a Esaú, porque comía de su caza, mas Rebeca amaba a Jacob. Y guisó Jacob un potaje; y volviendo Esaú del campo, cansado, dijo a Jacob: Te ruego que me des a comer de ese guiso rojo, pues estoy muy cansado. Por tanto fue llamado su nombre Edom. Y Jacob respondió: Véndeme en este día tu primogenitura. Entonces dijo Esaú: He aquí yo me voy a morir; ¿para qué , pues, me servirá la primogenitura? Y dijo Jacob: Júramelo en este día. Y él juró, y vendió a Jacob su primogenitura. Entonces Jacob dio a Esaú pan y del guisado de las lentejas; y él comió y bebió, y se levantó y se fue. Así menospreció Esaú la primogenitura (Génesis 25:27-34).

El punto final de las relaciones entre Jacob y Esaú, sucedió cuando Jacob engañó a su padre al hacerle pensar que él era Esaú, obteniendo así la bendición de su padre (Génesis 27). En realidad, era Jacob quien debía gobernar por sobre Esaú. Al parecer, Isaac estaría intentando reversar el hecho que Jacob tomara el lugar del que nació primero, tal como Dios lo había señalado (Génesis 25:23). Pero Rebeca y Jacob estaban equivocados en cuanto al procedimiento que usaron para obtener la bendición de Isaac. Una vez más, Jacob estaba peleando con los hombres y no en la forma que se le encomendó.

Como resultado del engaño, Esaú estaba furioso con Jacob por lo que sus padres enviaron a este último a Padan-aram para que buscara una esposa (Génesis 27:41-28:5). Fue un gran incentivo para Jacob para regresar y permanecer en Padan-aram. Después de su dramática visión, Jacob hizo un pacto con Dios, lo que demuestra que aún está luchando y no descansa en la gracia de Dios:

“E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti”.

Algunos podrían considerar la promesa de Jacob, como una ‘plegaria de fe’. Lo veo de otra manera. Observe todos los ‘si’. El compromiso de Jacob hacia Dios, está basado en el comportamiento que Dios tenga para satisfacer las necesidades de Jacob, tal como éste las define. Si Dios: (1) le protege en su viaje; (2) le provee la comida y la vestimenta adecuada y (3) le permite regresar al hogar de su padre sano y salvo, entonces Jacob haría de Jehová su Dios y entonces le entregaría el diezmo. El orden está absolutamente opuesto a los que Dios requiere de nosotros. Debemos “primero buscar el reino y Su justicia” y después “todas las cosas” (como comida y vestimenta) se nos añadirán (Mateo 6:33). Considere cómo la oferta de Jacob contrasta con estas palabras, pronunciadas por nuestro Señor:

“Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de ver; no por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” (Marcos 6:25).

El ‘trato’ que hizo Jacob con Dios, es uno con el cual incluso Satanás hubiera estado de acuerdo:

“Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia” (Job 1:9-11).

Y así encontramos al viejo Jacob en Padan-aram, ‘sirviendo’ a su tío Labán. Una vez más está peleando con los hombres, buscando salir adelante a expensas de otros. Finalmente, sólo después que Jacob abandona la casa de Labán y la tiera de Padan-aram, se encuentra con la gracia. Cuando Jacob está por entrar a la tierra de Canaán, sabe que debe enfrentarse con su hermano Esaú y esto pone un desafío considerable a su seguridad. Al parecer, la pelea con el ángel de Jehová, fue el momento que le hizo cambiar:

“Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba, y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y l varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera. Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo; porque tocó a Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo” (Génesis 32:22-32).

Si sólo consideramos este pasaje, sería posible llegar a una conclusión equivocada. Podríamos suponer erróneamente que Jacob sobrepasó al ángel (¡un hecho asombroso!) y que debido a la perseverancia de Jacob en pelear con los hombres (y con Dios) a lo largo de los años, finalmente prevaleció. Dios está ahora a disposición de Jacob.

Pero no fue así. De esta historia concluimos que este “ángel” fue realmente Dios (versículo 30). ¿Podría Jacob haber sobrepasado a Dios en una pelea? Sabemos que más adelante que cuando aparentemente la lucha parecía estar igualada, el ángel golpeó a Jacob provocándole un dislocamiento de la cadera (versículo 25). Jacob no está ahora en condiciones de pactar con Dios. La interpretación de esta historia, fue dada siglos después, por el profeta Oseas cuando le hablaba a la nación de Israel, personificada por Jacob:

“Efraín se apacienta de viento, y sigue al solano; mentira y destrucción aumenta continuamente; porque hicieron pacto con los asirios, y el aceite se lleva a Egipto. Pleito tiene Jehová con Judá para castigar a Jacob conforme a sus caminos; le pagará conforme a sus obras. En el seno materno tomó por el calcañar a su hermano, y con su poder venció al ángel. Venció al ángel, y prevaleció; lloró, y le rogó; en Bet-el le halló, y allí habló con nosotros. Mas Jehová es Dios de los ejércitos; Jehová es su nombre. Tú, pues, vuélvete a tu Dios; guarda misericordia y juicio, y en tu Dios confía siempre” (Oseas 12:1-6).

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