Boardman, L.S. – La Santidad Bíblica Obtenida por la Ruta de Muerte

La Santidad Bíblica Obtenida por la «Ruta de Muerte»

Santidad Bíblica
Por L.S. Boardman

En este libro de 17 capítulos por Boardman (Métodista) que presenta estudios sobre la muerte al pecado adentro del creyente. Es un estudio sobre que tiene que “matar” el cristiano adentro de sí para llegar a ser santo.




Contenido

I. Testimonios Oportunos de la Liberación Por Medio de la «Ruta de Muerte» 13
II. La Base Bíblica de la «Ruta de Muerte» 29
III. Ejemplos Bíblicos de la «Ruta de Muerte» 36
IV. No Es Ni Necesaria Ni Deseable la Uniformidad de la «Ruta de Muerte» 40
V. El Pretexto del Lenguaje Defectuoso 46




VI. Se Engañan Solos Los Que Tratan de Evadir la «Ruta de Muerte» 49
VII. La Muerte Hasta lo Profundo de la Depravación 57
VIII. Cuando Muere la «Ruta de Muerte» 65
IX. La Erradicación Es Esencial 72
X. El Corazón Tiene Hambre de la Santidad 77
XI. La Firmeza o la Inestabilidad de la Fe 82
XII. ¿Habrá Bálsamo, o Habrá Lamentación 92
XIII. El Humanismo—El Schullerismo—Un Camino a la Apostasía. 98
XIV. El Resultado de Rechazar la «Ruta de Muerte» 102
XV. Una Apelación Ardiente 111
XVI. ¡Es Real! 114



Impreso en Old Paths Tract Society, Inc.

Shoals, Indiana 47581 EEUUAA

2002 Dedicatoria

A nuestra Trinidad adorable: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y a mis esposas tan fieles y devotas, a Sarah Ethel, que está ahora en la gloria, y a Mattie, que está todavía conmigo en la tierra, a las dos, quienes han contribuido más a mi ministerio y a mi gozo que lo que las palabras jamás podrían expresar; a ellas siempre quedaré endeudado, por ahora y por toda la eternidad; y a estas personas se dedica humilde y cariñosamente este esfuerzo débil.




La Convicción Acerca De La Propiedad Literaria

Mientras contemplaba la publicación de este tomo, el Espíritu Santo me aclaró que, así como con el libro EL PROGRESO DEL PEREGRINO, Dios no quería que este libro tuviera límite de derechos de la propiedad literaria. Es el deseo de Dios que cualquier editor del mundo, y en cualquier idioma, se sienta libre para reproducir este libro (se espera que se haga sin mutilación) y distribuirlo a las regiones más lejanas del mundo hasta el fin de los tiempos. Se produce este libro con el solo motivo de dar este mensaje importante a las multitudes hambrientas y engañadas del mundo. Por lo tanto, cualquier editor que desee hacerlo, puede sentirse libre para reproducir esta obra y tratarla según le guié el Señor. No hay condiciones.

—L.S.B




Explicación

Existen en el mundo de hoy en día muchos diversos grupos de personas que creen en la santidad. Hay sólo una clase de gente santa. La verdadera gente santa es la que ha experimentado la erradicación de la naturaleza carnal con la purificación del corazón por el amor santo. Creen esta verdad porque la Biblia la enseña claramente, y porque ellas mismas han pasado por ese camino por experiencia propia. No creen que la supresión es el plan ideal de Dios para tratar con la naturaleza carnal en el hombre. Sí, practicaban la supresión antes de ser santificadas por completo (por lo menos esperamos que la hayan logrado suprimir) pero cuando llegaron a ser santificadas ya no tuvieron ese problema carnal, es decir, mientras caminaban con Dios y retenían la bendición de un corazón puro.

Al enfrentar este trabajo, se descubrió que existe muy poco material sobre este aspecto importante de la experiencia cristiana. Pudimos, sin embargo, encontrar declaraciones y alusiones breves, algunas de las cuales hemos incorporado en este tomo. Las Escrituras fueron nuestra fuente mayor de ayuda. Nos preguntamos, ¿no es extraño que un tema que la Biblia trata tan clara y enfáticamente se tome tan ligeramente Perdóneme, si en mi lectura habré pasado por alto algunas obras detalladas que tal vez existan sobre este tema importante.




Agradecimiento

Sólo Dios sabe cuánto deba yo a los queridos amigos que han dado una crítica constructiva con interés profundo y consejos valiosos en la preparación de este manuscrito.

El Rvdo. Parker Maxey, decano de Teología en el BIBLE MISSIONARY INSTITUTE, se ha dado tiempo en su horario tan ocupado una y otra vez, para estudiar el manuscrito y dar sugerencias útiles.

El Rvdo. Kenneth Fay, con su esposa, Eleanor, amigos y colaboradores de nosotros durante toda la vida, han estudiado el manuscrito con sumo cuidado, y han sido muy útiles.

El Rvdo. William (Bill) Meek también merece las gracias muy especiales por su ayuda.

Nuestros hijos preciosos, Charles y Arlene Boardman, han sido de una ayuda inestimable con las horas que han pasado en escrutinio esmerado, en estudiarlo, en corrigirlo y en escribirlo en máquina.




También, nuestro querido amigo, M.E. (Wally) Walrath, fundador y director de THE SHEPHERD’S FOLD en Santa Cruz, California, ha sido de mucha ayuda para que este libro esté presentable.

Numerosas cartas de ánimo, que estimamos mucho, vinieron de pastores, evangelistas, y amigos misioneros alrededor del mundo.

Nuestra gratitud profunda de corazón también abarca a una multitud de amigos, quienes en conferencias, en convenciones, y en campañas de avivamiento y visitas de amistad, han mostrado un interés profundo en este proyecto, y cuyas palabras amables han sido de mucho ánimo. Dios está llevando las cuentas, y todos los que hayan ayudado de alguna capacidad, especialmente en la oración, recibirán su recompensa.

Por último, mi querida esposa, Mattie Boardman, ha tenido una influencia profunda y mano controladora al través de la composición del manuscrito—a ella, por esto y por su influencia en general sobre mi vida y ministerio, le quedaré siempre endeudado.

Palabras Amables De Nuestros Revisadores

Este capítulo sobre «la ruta de muerte» fue excelente y muy necesario. Dios le bendiga a usted y su esfuerzo —Rvdo. L. P. Roberts.

Yo digo un «Amén» con todo mi corazón. He creído en la ruta de muerte durante todos los sesenta y cuatro años que he vivido para Dios —Evangelista C. Helen Mooshian.

Gloria a Dios por la ruta de muerte que enseña la Biblia




—Rvdo. John Spivey.

No comprendo cómo un predicador o laico puede leer el capítulo seis de Romanos y negar la existencia de la ruta de muerte —Rvdo. Wendell Dozier.

¡Gloria al Señor! Funcionó para mí en el 1939. ¡Completamente! Muerto a A.G. y a sus planes. ¡Sólo Cristo! ¡Completamente! —Rvdo. A.G. Weiss.

Me gusta mucho su capítulo sobre la ruta de muerte. Fue suficientemente claro. Recuerdo haber pasado por ese mismo camino como alumno en B.M.I. Le doy gracias a Dios porque alguien tuvo la presencia de Dios suficiente como para predicar la verdad a mi alma indigna. ¡Gloria al Señor! —Rvdo. Randy Lucas, misionero a Japón.

Yo fui una de aquellas personas a las cuales se les aconseja que «digan tener la santidad» o que «confíen» solamente. Yo hice mucho esfuerzo, pero la carnalidad nunca fue quitada y nunca había pasado por la ruta de muerte al yo. Sin embargo, el Dios fiel que no me dejaba ser engañado me mostró mi corazón carnal y me ayudó a hacer la oración de la ruta de muerte y Él limpió mi corazón de todo el pecado que quedaba. ¡Bendito sea Su Nombre para siempre! Él mora hoy en la plenitud de la bendición del Evangelio de Cristo —Rvdo. Paul Pumpelly.

Creo que este capítulo acerca de la «ruta de muerte» es absolutamente la cosa mejor que jamás he leído. Cuánto agradezco el tiempo que usted se dio para compilarlo…. Es un mensaje fuerte, lleno de interés y de poder —Rvdo. Kenneth Fay




El Reconocimiento Del Autor

Es difícil creer que una persona que trata de servir a Dios pueda sufrir más bajo el látigo de la carnalidad que lo que sufrí yo. A veces esta cosa odiosa era muy dolorosa, pero por años no comprendía el secreto de la curación. No sabía «morir» al yo carnal ni tener un corazón santificado. Muchas veces pensé que era santificado, pero había otras ocasiones en las cuales sabía que no lo era. Había orado acerca de ello en secreto muchísimas veces durante los dieciséis años en los cuales serví a Dios. Durante la mitad de ese tiempo pastoreaba una iglesia de santidad. Creía en la santidad bíblica, y la predicaba; pero nunca la había experimentado. En el tiempo en que fui alumno en un instituto bíblico en el cual se enseñaba la santidad estudié la doctrina de la «entera santificación», y aprendí a recitar sus preceptos; pero todavía me hacía falta tener la experiencia en mi corazón. Gracias a Dios, dos años después del tiempo que pasé en el instituto, un evangelista que predicaba la «ruta de muerte», H.B. Huffman, fue a la iglesia que pastoreaba yo en Saratoga Springs, Nueva York, y L.S. Boardman, ese pastor carnal por fin «murió», oró hasta obtener la victoria y fue santificado. Esa fue la primera vez que esta convicción por la carnalidad, y el hambre por la santidad de corazón llegaron a estar tan intensas que estuve dispuesto a pasar al frente delante de todos, a confesar mi estado carnal, y a buscar a Dios en público. Después de varios días de «examinarme» y «morir para mí», por fin llegué a terminar con el «yo» orgulloso, carnal y terco, y Dios santificó mi corazón. Por primera vez en mi vida, tuve el verdadero descanso de mi alma y la paz del Consolador que vivía dentro de mí. Un relato más detallado de mi experiencia se encuentra en el capítulo dieciséis.




Paloma Divina

Mientras viajaba desde Des Moines, Iowa a Conway, Arkansas el día 2 de mayo de 1985, y hablando solo en voz alta, dije:

—¿No sería maravilloso si Dios me diera una poesía hoy

El Espíritu Santo debió haber escuchado lo que dije porque casi inmediatamente Él puso en mi mente el primer verso de esta poesía. Escribí las primeras cuatro líneas e hice el intento de escribir más, pero no pude. Entonces oré: —Santo Espíritu, sé que hay más de esta poesía que lo que me has dado. ¿Tendrías la bondad de darme el resto de ella

Apenas me salieron las palabras cuando Él comenzó a derramar en mi mente los demás versos. Sin que yo parara mi coche, las palabras se me vinieron tan pronto como podía escribirlas en un bloc de papel a mi lado. Al cerrar este testimonio breve, deseo honrar al dulce Espíritu Santo al incluir esta poesía que Él inspiró y puso en mi mente en aquella ocasión.

Tú, preciosa Paloma de la Trinidad, abogado del amor santo, Consolador, por la gracia divina, ¡y al pensar que eres mío!

Tú, que haces real a nuestro Salvador.

Con una Presencia que podemos sentir—

Intercesor muy divino— ¡todo el cielo conmueve este corazón mío!

Te honramos, nuestro bendito Huésped— dulce Espíritu de Dios; dulce Espíritu Santo.

Sobre todas las cosas del tiempo y de la tierra, desde que encontramos el nuevo nacimiento.

Y Tú, Paloma que descendió de la sala del trono de Dios, en lo alto— a este corazón carnal mío; haciéndolo puro y enteramente Tuyo.

Quitas mi tendencia al pecado— pones la santidad de Dios por dentro— prendes un fuego que arderá para siempre, por toda la eternidad.

Mi lealtad Tú la tendrás, con el vaivén de las edades, Santo Espíritu, Paloma Divina—estoy contento porque mío eres.1

A lo largo de estos casi cuarenta años maravillosos, en los cuales he gozado de la liberación del alboroto interno, y aun pasé por las sombras y los ataques furiosos de Satanás, el dulce Espíritu Santo ha sido mi Intercesor, mi Consolador, y mi Guía hasta esta hora de mi vida. Él hace que Cristo sea real y vibrante dentro de mí, dándome el contentamiento en medio de muchas tristezas, me dio poder en medio de la debilidad humana, y me libró de las vacilaciones persistentes. Sin Él no podría yo haber conocido a Jesús, ni podría haber tenido los beneficios de la expiación, ni ninguna esperanza del cielo. Mas en Él, tengo todo esto.

Notas de Referencia

Prefacio

1. Poesía, Paloma Divina, con explicación del autor.




 

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