Wade, R. – Para que sean uno: evangélicos y católicos en diálogo

Para que sean uno: evangélicos y católicos en diálogo
Rick Wade

Este estudio es de un solo capítulo. Wade (Probe) examina el movimiento de reunir los Protestantes con los Católicos. Temas: La crisis cultural y el ruego de Jesús, El nuevo ecumenismo, Acuerdos y desacuerdos Teológicos, Opciones para la unidad, La Importancia del Tema,

(Revisado){1}

Rick Wade


La crisis cultural y el ruego de Jesús

Allá por el año 1983, comencé a trabajar con el Centro para Embarazos en Crisis de Chicago. Participé en algunas protestas callejeras frente a clínicas de abortos. ¡Pronto me di cuenta de que muchos de los que me acompañaban en la acera eran católicos romanos! Hasta tuve la oportunidad de hablar ante un grupo de católicos en una ocasión. Como no tardé en enterarme, los católicos habían estado combatiendo el aborto bastante antes que personas como Francis Schaeffer hiciera que los protestantes evangélicos tomaran conciencia de la situación.

El catolicismo romano era algo de un enigma para mí entonces. No había muchos católicos en el sudeste de Virginia, donde me crié. Todo lo que sabía era que tenían un Papa y oraban a María, y que a veces tenían pequeñas estatuas en los jardines frente a sus casas. Las líneas estaban bastante bien demarcadas entre ellos y nosotros. Ahora me veía forzado a pensar en estas personas y en sus creencias, porque estábamos parados codo a codo, ministrando juntos en el nombre de Jesús.


Declinación cultural/moral

A nivel de base, los cristianos de diversas extracciones se han encontrado trabajando para detener la ola de inmoralidad junto con personas con las que nunca pensaron que trabajarían. En la década de 1980, el aborto fue tal vez el ejemplo más visible de un abismo que se estaba ampliando en Estados Unidos. No sólo el aborto, sino la ilegitimidad, la licencia sexual en sus diversas formas, una tasa de divorcios disparada y otros males sociales dividían a quienes aceptaban la tradicional moral judeocristiana de quienes no la aceptaban. La gente comenzó a hablar de una “guerra cultural”. Dado que nuestra influencia ha menguado, hemos encontrado que ya no podemos darnos el lujo de tirar piedras a “esos católicos de allí”, porque estamos siendo forzados por las circunstancias culturales a trabajar para proteger un conjunto de valores que sostenemos mutuamente.

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El nuevo ecumenismo

El corrimiento cultural y la oración de Jesús han llevado a pensadores de diferentes tradiciones cristianas a unirse para ver lo que puede hacerse para promover la causa de la unidad. Una conversación que comenzó seriamente entre los participantes de Evangelicals and Catholics Together a mediados de la década de 1990 se ha ramificado produciendo revistas, libros y conferencias dedicados a este tema. De hecho, en noviembre de 2001 asistí a una conferencia llamada “La unidad cristiana y las divisiones que debemos mantener”, que incluía a creyentes evangélicos, católicos y ortodoxos orientales.{5} Los participantes de estas discusiones se refieren a ellos mismos como cristianos “tradicionales”. Al decir “tradicionales” quieren decir personas “que están vinculadas libremente por una tradición normativa que es la portadora de la verdad”, en las palabras de Richard John Neuhaus.{6} Los cristianos tradicionales encuentran su ascendencia en los apóstoles mismos, en vez de adoptar como autoridad final las ideas de la erudición moderna. Aceptan la Biblia como la Palabra de Dios autorizada y los grandes credos de los primeros siglos como resúmenes de la auténtica enseñanza apostólica. Están de acuerdo en cosas como la Trinidad, el Nacimiento Virginal y la salvación a través de Jesucristo, el divino Hijo de Dios. Debido a su aceptación de estas verdades fundamentales, suele señalarse que un evangélico tradicional tiene más en común con un católico tradicional que con un protestante liberal que niega la deidad de Cristo y otras verdades cristianas fundamentales.

El movimiento ecuménico del siglo XX

Para algunos de nuestros lectores mayores, la palabra ecuménico tal vez traiga a la mente el movimiento del siglo XX promovido por el Consejo Mundial de Iglesias y el Consejo Nacional de Iglesias que tomó un giro decididamente no bíblico a mediados de la década de 1960. Recuerdo a personas de mi iglesia que hablaban de esto en un tono muy despectivo. ¿Es este nuevo ecumenismo como el anterior? Los participantes hacen grandes esfuerzos para distinguir al nuevo ecumenismo del anterior. Este último comenzó en 1910 en Edimburgo, Escocia, con el propósito de unir a los protestantes, principalmente para las misiones.{7} Al inicio, sus metas eran admirables. Luego de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, el foco se desplazó hacia lo social y lo político. En 1966, en la Conferencia Mundial sobre la Iglesia y la Sociedad, el corrimiento se hizo público. “A partir de ahí, los radicales ideológicos aumentaron”, dice el teólogo Tom Oden. El movimiento adquirió un giro “hacia la retórica revolucionaria, la ingeniería social y la política regulatoria”.{8} Intentó formar alianzas alrededor de los “bordes” de la vida y la creencia cristianas, por así decirlo. En otras palabras, estaba interesado en cuál era el papel de la iglesia en el mundo en el nivel social y político. La doctrina ortodoxa se volvió prescindible cuando era inconveniente. Hoy ese movimiento está haciendo agua, y hay quienes predicen que no durará mucho tiempo más.

El nuevo/viejo ecumenismo

El nuevo ecumenismo, por otra parte, rechaza las exigencias de la modernidad, que busca suplantar la antigua verdad apostólica por su propia sabiduría, y en cambio permite que la verdad apostólica se convierta en la crítica de la modernidad. Oden dice: “No podemos confesar correctamente la unidad de la iglesia sin volver a fundar esa unidad en la enseñanza apostólica que fue martillada en el yunque del martirio y definida por el primitivo proceso conciliar, cuando las herejías fueron rechazadas y se definió el antiguo consenso ortodoxo”.{9}

Los nuevos ecumenistas apelan a la Biblia y a los primitivos credos ecuménicos, como el Credo Apostólico, como doctrina cristiana definitiva. Con todas sus diferencias, consideran un núcleo de creencias sostenidas históricamente acerca de las cuales todos concuerdan. A partir de esta base, entonces pueden discutir sus diferencias y considerar lo que podrían hacer juntos para influir en su sociedad con la cosmovisión cristiana.

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El impulso del Espíritu Santo

Los participantes están convencidos de que esto es un mover del Espíritu Santo. ¿De qué otra forma podrían aquellos que han luchado por tanto tiempo y que están tan convencidos de la verdad de su propia tradición estar dispuestos a discutir estos temas con la verdadera esperanza de un mayor acercamiento entre ellos? El teólogo Tom Oden dice lo siguiente: “¿Qué está ocurriendo? Dios está despertando en el cristianismo de base un mar de fondo de anhelo por la enseñanza ecuménica clásica en todas las comuniones. Hay innumerables encarnaciones laicas de esta unidad”.{18} Hay un nuevo anhelo de volver a nuestras raíces para redescubrir nuestra identidad histórica de cara a un mundo que deja la identidad librada al mejor postor. ¿Podría ser que el Espíritu está realmente trabajando para unir más a la iglesia en nuestro día?

Acuerdos y desacuerdos teológicos

Según notamos anteriormente, quienes participan en el nuevo ecumenismo se refieren a sí mismos como “cristianos tradicionales”. Miran a la iglesia primitiva para descubrir sus raíces. Sostienen el Credo de los Apóstoles y el Credo de Nicea, y otros de los primitivos credos ecuménicos.

J.I. Packer brinda un resumen útil de las doctrinas que sostienen los cristianos tradicionales. Son éstas:

  • Las Escrituras canónicas son las depositarias y el canal de la revelación divina centrada en Cristo.
  • El Dios trino como soberano en la creación, la providencia y la gracia.
  • Fe en Jesucristo como Dios encarnado, el único mediador entre Dios y el hombre.
  • Ver a los cristianos como una familia de pecadores perdonados … que han sido facultados para la piedad por el Espíritu Santo.
  • Ver a la iglesia como una única sociedad sobrenatural.
  • Los sacramentos del bautismo y la Santa Comunión “como necesidades de obediencia, gestos de adoración y medios de comunión con Dios en Cristo”.
  • La práctica de la oración, la obediencia, el amor y el servicio.
  • Encarar adecuadamente la realidad personal del mal.
  • Esperar que la muerte y el juicio final conduzcan al gozo eterno del cielo”.{19}

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Opciones para la unidad

Veo tres marcos posibles para la unidad. Uno, es la unidad en el nivel social-cultural-político. En estas áreas podemos hacer que el pensamiento religioso conservador influya en los asuntos del día. Creo que esto es lo que Peter Kreeft pide en un artículo titulado “Jihad ecuménico”, donde amplía el círculo lo suficiente como para incluir a los judíos y musulmanes.{24}

La segunda opción es la unidad eclesiástica plena. El foco aquí está en la oración de Jesús por la unidad. Así como Cristo es uno, nosotros debemos ser uno. Esto va más allá de la cooperación en la plaza pública; es un llamado a una Iglesia, una única institución visible. Neuhaus dice que somos una iglesia; simplemente no estamos actuando como tal. Un escritor señala que este tipo de unidad “es un ‘acto costoso’, que involucra la muerte y el renacimiento de las iglesias confesionales existentes”.{25} El teólogo católico Avery Dulles cree que una unidad plena de este tipo podría ser legítima entre grupos que tienen una herencia común, como los católicos y los ortodoxos orientales. “Pero esa meta no es ni realista ni deseable para comunidades separadas tan ampliamente como los evangélicos y los católicos. Para el presente y el futuro previsible, ambos seguirán constituyendo familias religiosas distintas”.{26} Las tensiones que crearía una unidad de este tipo serían excesivas.

Una tercera posibilidad es un camino intermedio entre los dos primeros. Involucra el reconocimiento de una cosmovisión cristiana sostenida mutuamente, junto con un reconocimiento y aceptación de nuestras diferencias, buscando la paz entre las tradiciones y un trabajo en equipo en la guerra cultural. Aquí la teología es importante; los evangélicos comparten con los católicos lo que no comparten con, por ejemplo, los musulmanes, que son moralmente conservadores. Podrían entender a Abraham Kuyper, el primer ministro de Holanda que, a fines del siglo XIX, dijo:

“Ahora bien, en este conflicto [contra el liberalismo], Roma no es un antagonista, sino que está de nuestro lado, en tanto y cuando reconoce y sostiene la Trinidad, la Deidad de Cristo, la Cruz como un sacrificio expiatorio…

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Voces de protesta

No todos los estudiosos y líderes de iglesias evangélicas están a favor del diálogo católico/evangélico, al menos con relación al documento “Evangelicals and Catholics Together”. Representantes tan famosos como R. C. Sproul, John MacArthur, Michael Horton y D. James Kennedy han objetado partes importantes de este documento.

La base del diálogo ECT fue la convicción de que “los evangélicos y los católicos son hermanos y hermanas en Cristo”.{31} Fue sobre este fundamento que los dos grupos se unieron para considerar una respuesta cristiana a los temas sociales actuales. Pero hay quienes cuestionan si una declaración tan amplia es correcta. ¿Somos realmente “hermanos y hermanas en Cristo”?

MacArthur presenta las preocupaciones fundamentales…

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La importancia del tema

Hay varias razones por las que las conversaciones actuales entre evangélicos y católicos (y ortodoxos orientales también) son importantes. Primero, es simplemente la reafirmación de lo que creemos. En estos tiempos de escepticismo acerca de la posibilidad siquiera de conocer lo que es verdadero, y la práctica de muchos de escoger creencias según su funcionalidad práctica, es bueno pensar cuidadosamente en lo que creemos y por qué lo hacemos. Una mujer que conozco me dijo que a ella no le interesan todas esas diferencias denominacionales. “Yo simplemente amo a Jesús”, dijo. “Déme a Jesús, simplemente”. Uno tiene la sensación, a partir de todo lo que se nos enseña en la Biblia que Jesús quiere que tengamos más, lo cual significa una comprensión más profunda de Dios y de sus caminos. Al estudiar nuestras similitudes y diferencias con los católicos romanos, nos vemos forzados a llegar a una comprensión más profunda de nuestras propias creencias.

También tenemos la oración sacerdotal de Jesús, en la que ora fervientemente por la unidad en su cuerpo. ¿Lo decía en serio? ¿Alcanza con decir simplemente: “Bueno, la iglesia romana difiere en su doctrina de la justificación, así que no pueden ser cristianos”, y darles la espalda? ¿O mantenernos a distancia de ellos porque tienen otras creencias en algunas cosas? Sin renunciar a nuestras propias convicciones, ¿no vale la pena dedicar un tiempo para asegurarnos de nuestras propias creencias y las de los demás antes de decir que la oración de Jesús no es aplicable?

J.I. Packer dice lo siguiente: “Por mucho que las divisiones históricas puedan haber sido justificadas como la única forma de mantener intactas la fe, la sabiduría y la vida espiritual en un momento específico, continuarlas complacientemente y sin intranquilidad no es justificable”.{37} Un simple reconocimiento del terreno común sobre el cual estamos parados sería un paso adelante para contestar la oración de Jesús. Los debates que seguirán al volver a aclarar nuestras diferencias pueden hacernos avanzar en nuestra comprensión teológica y nuestra vinculación en el reino.

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Traducción: Alejandro Field


Acerca del autor

Rick Wade se graduó de Moody Bible Institute con un B.A. en Comunicaciones (radiodifusión) en 1986. Se graduó con honores en 1990 de Trinity Evangelical Divinity School con un M.A. en Pensamiento Cristiano (teología/filosofía), donde sus estudios culminaron en una tesis sobre la apologética de Carl F. H. Henry. Rick y su familia viven en Rowlett, Texas. Si usted tiene algún comentario o pregunta sobre este artículo, envíelo por favor a [email protected]Por favor indique a qué artículo se está refiriendo.

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